Nunca me he apenado por la forma en que funcionan las cosas. Supongo que el mundo es así, lo acepto y no me preocupa. Procuro evitar que suceda aquello que me disgusta, pero si ese es su sino, mejor dejarlo así. Ahora mismo pienso principalmente en las amistades perdidas. Pero no en las que han sido borradas o lo están siendo intencionadamente porque sea lo más adecuado. Pienso en aquellas que siguen ahí en su pequeño cofre del tiempo, pues pertenecieron épocas demasiado distantes.
Después de casi diez años, me encontré hace unos meses y de forma fortuita, con uno de mis mejores amigos de la juventud, con el que recorrí desde los últimos años del colegio hasta los primeros de la universidad aunque me hubiera desplazado a otra provincia. Ninguno somos dependientes y eso hizo que cada cuál fuera por su lado. No obstante sé, que ahí estamos. Echamos un café juntos, nos hicimos las promesas rituales de volver a vernos, quizá dentro de otros diez años… y volvimos a diverger en ruta. En cualquier caso, gracias a una amiga en común con la que ninguno hemos perdido contacto sabemos qué es de cada uno.
No quiero ponerme sentimental, no quiero hacer un post de esos que se dedican a ensalzar pastelosamente. Sólo me parecía oportuno presentar un poco el porqué de la foto e invitaros a conocer un trabajo fotográfico fantástico. Muchos de quiénes leen este diario son aficionados a ese arte, estoy seguro que envidiarán, como hago yo, el tesoro que ha amasado mi viejo amigo en sus viajes.

Su colección en DeviantArt y su web. El logo en las fotos tiene una razón de ser, es un complemento a su sueldo.






