
Hace poco Marisa y yo volvimos de Tanzania. El objetivo de nuestro viaje era encontrar un proyecto al que dar soporte y estamos muy felices por haber dado con uno. El año pasado fuímos a Cabo Verde con el mismo propósito, pero por diversas razones optamos por seguir buscando. La primera pregunta de los críticos será ¿por qué en Tanzania?, ¿por qué no aquí cuando hay tantos problemas en nuestras propias ciudades?. Todo lo que se les ocurra seguramente esté acertado, así que no perdamos más el tiempo con eso aquí.
Una persistente búsqueda de un proyecto adecuado mediante el intercambio de información con otros voluntarios, con miembros de la organización (casi en su totalidad son locales), con la gente de la calle, el trabajo de documentación y de estudio del Suajili que realizamos durante unos meses antes de llegar y especialmente mediante la inspección directa y el ensayo, así como el fundamental factor suerte ha permitido que conozcamos la Escuela de Turismo Naimisie.
En la escuela estudian principalmente trabajadores de hostelería, profesores y guías turísticos o aspirantes a respectivos oficios. Si bien cualquiera que demuestre tener voluntad puede asistir, también hay adolescentes de la calle, sin casa ni familia. Los libros son muy caros, con precios iguales o mayores que los de aquí y por eso la escuela, como tantas otras, apenas tenía dos libros. Los “alumnos” son formidables igual que su intererés por aprender. Algo encomiable cuando la mayoría del país, incluídos ellos “viven para hoy y esperan para mañana”. Es una lástima que no tengamos fotos con todos, quizás la próxima vez, pero hay que tener muy pocos escrúpulos para ponerse a echar fotos como si la pobreza fuera un souvenir. Aún así, algunas tenemos con permiso de los retratados, con los que teníamos más confianza. Subiremos unas cuantas de ellas a Flickr y videos a Youtube. En Flickr se encuentran muchas sobre Arusha, los dalladalla. Compramos algunos libros con el director. Tal y como nos hemos comprometido, si vemos que las cosas van bien irán recibiendo más ayuda. Nuestro único interés es que usen adecuadamente esa ayuda y saquen provecho de ella. Ahora el profesor de Administración de Empresas ya tiene un libro de su asignatura. También otros sobre árboles y plantas locales o pájaros del África Oriental. Pronto mandaremos otra remesa, con DVDs con películas y documentales en Español e Inglés. Cuando hace falta tanta ayuda es muy fácil ayudar. Es fácil cuando simplemente con los libros y DVDs que no usamos ya podemos ir dotándoles de una buena biblioteca.
También estuvimos dando clase en un poblado Masai cerca de Mto wa Mbu, en la que cuando llegamos, “Alfa” llevaba veinte días como profesor y por el cuál pudimos empaparnos de mucha información rápidamente. Con él estuvimos más tarde en el colegio en el que estuvo impartiendo clase un mes, Naasha, en Kijenge, una de las cien mejores escuelas del país y de la que hemos tomado fotos para que podáis verla. Nos fue imposible ir a ver la casa del proyecto Wema, otro de los veintidós proyectos de Art In Tanzania en Arusha, que da microcréditos (5$ por semana) a mujeres con VIH/SIDA. Seguro que es digno de ser apoyado y está obteniendo grandes resultados. A todo esto hay que decir que Naimisie, la escuela con la que nos hemos vinculado, no es oficialmente soportado por la organización que trabaja principalmente con colegios de primaria, con orfanatos y orfanatos de VIH/SIDA, así como algunos colegios de secundaria. Después de ver in situ la situación de Tanzania y sabiendo que países vecinos como Mozambique están mucho peor, no creo que para el 2015 se haya conseguido ningún fin de la pobreza.
“El primer ministro Gordon Brown es elocuente acerca de una de las dos tragedias de los pobres del mundo. En Enero de 2005, dio un apasionado discurso sobre la tragedia de la pobreza extrema que afecta a miles de millones de personas, con millones de niños muriendo de enfermedades fácilmente prevenibles. Hizo un llamamiento a un incremento al doble de la ayuda internacional, un Plan Marshall para los pobres del mundo y una nueva Instalación de Finanzas Internacionales (International Financing Facility, IFF) de la que se podrían pedir prestados más decenas de miles de millones de dólares para ayuda futura que serviría para salvar a los pobres hoy. Ofreció esperanza señalando lo fácil que es hacer el bien. Los medicamentos que prevendrían la mitad de las muertes por malaria cuestan sólo doce céntimos de dólar por dosis. Una mosquitera que prevendría que un niño adquiera malaria cuesta solamente cuatro dólares. Prevenir cinco millones de muertes infantiles en los próximos diez años costaría sólo tres dólares por cada nueva madre. Un programa de ayuda que diera dinero en efectivo a las familias que llevaran a sus hijos al colegio costaría poco.
Gordon Brown nada dijo sobre la otra tragedia que afecta a los pobres del mundo. Esta tragedia es en la que los países desarrollados han gastado 2.3 billones de dólares en ayuda exterior en las últimas cinco décadas y aún no han conseguido que las medicinas de doce céntimos de dólar para prevenir la mitad de las muertes infantiles por malaria hayan llegado a sus destinatarios. Los países desarrollados han gastado 2.3 billones de dólares y aún no han conseguido dotar a las familias pobres de esas mosquiteras de cuatro dólares. Los países desarrollados han gastado 2.3 billones de dólares y todavía no han conseguido que esas madres reciban los tres dólares para prevenir la muerte de cinco millones de niños. Es una tragedia que toda esa pasión bienintencionada no haya producido estos resultados para la gente necesitada.
En un sólo día, el 16 de Julio del 2005, las economías de Reino Unido y de Estados Unidos distribuyeron nueve millones de copias del sexto volumen de la saga de Harry Potter a sus ansiosos fans. Los libreros continuamente reponían las estanterías a medida que los clientes se hacían acopio de los ejemplares del libro. Amazon y Barnes & Noble enviaron copias preencargadas directamente a las casas de los clientes. No hubo ningún Plan Marshall para Harry Potter, como no hubo ninguna Instalación de Finanzas Internacionales para los brujos menores de edad. Es descorazonador que la sociedad global haya desarrollado un mecanismo tan eficiente para proveer de entretenimiento a los adultos ricos y a sus hijos, mientras que no es capaz de hacer llegar medicinas de doce céntimos de dólar a los niños que mueren por su pobreza.
Este libro trata sobre la segunda tragedia. Visionarios, celebridades, presidentes, primeros ministros, burócratas e incluso ejércitos fijan su atención en la primera tragedia y su compasión y arduo trabajo merece admiración. Muchos menos se preocupan sobre la segunda tragedia. Me siento como un Scrooge llamando la atención sobre la segunda tragedia cuando hay tantos buenos deseos y compasión entre tanta gente para ayudar a los pobres. Me dirijo a los creyentes de buen corazón que confían en los Grandes Planes de los países desarrollados para ayudar a los pobres y desearía creer en ellos yo mismo. A menudo me siento como un pecaminoso ateo que se ha colado de algún modo en el cónclave de cardenales para escoger al sucesor de su santidad Juan Pablo II. Cuando existe un enorme consenso a favor de los Grandes Planes para ayudar a los pobres, esos creyentes reciben mis dudas acerca de esos planes como los cardenales recibirían mi nominación de la cantante Madonna para ser el nuevo Papa.
Pero yo y otros muchos que pensamos de forma similar, intentamos, no que se abandone la ayuda a los pobres, sino que les llegue. Los países ricos tienen que abordar la segunda tragedia si quieren conseguir algún progreso en la solución de la primera tragedia. De lo contrario, la actual ola de entusiasmo para acabar con la pobreza mundial actual repetirá el mismo ciclo de sus predecesoras: idealismo, altas expectativas, resultados desesperanzadores, cinismo reforzado.
La segunda tragedia se debe al tradicional y erróneo modo de las instituciones de ayuda internacionales de tratar de erradicar la pobreza en el mundo. ¿Ha encontrado este libro, finalmente, después de todos estos años, el correcto Gran Plan para reformar la ayuda exterior, para enriquecer a los pobres, para alimentar a los hambrientos y para salvar a los que mueren?. Qué gran logro hubiera sido que yo encontrara dicho plan cuando tantos otros, mucho más inteligentes, han probado muchos y muy variados planes durante cincuenta años y han fallado.
Pueden relajarse; su autor no tiene tales delirios de grandeza. Todo el alboroto acerca de tener el plan correcto es en sí mismo un síntoma de una aproximación mal orientada sobre la ayuda exterior seguida por muchos en el pasado y por tantos otros todavía hoy. El plan correcto es no tener plan.” Traducción personal del epígrafe “Planners versus Searchers” del libro “The White Man’s Burden: Why the West’s Efforts to Aid the Rest Have Done So Much Ill and So Little Good”, de William Easterly.